Contra todo pronóstico, ya que el verano fue bastante
lluvioso durante el mes de Julio y poco caluroso en agosto, después de una
primavera soleada y calurosa, el día 29 de agosto, tras haber realizado
rigurosos controles de maduración, catas organolépticas de la única variedad
que elaboramos, el albariño y ver la predicción del tiempo, fundamental en
Galicia, me decidí a que entraran las primeras cajas de uva en la bodega.
Que
uva! Riquisima! y dulcisima, mientras, comentaban por la zona, la locura que
era comenzar a cortar uva en agosto, que aquello nunca había ocurrido, que la
uva estaba verde…, verdad es que desde mi infancia, cuando nos reuniamos todos
los primos a vendimiar, no recuerdo que se empezase tan pronto, yo misma me
costaba creer lo que estaba viviendo, así que manos a la obra, abandoné la
playa y los animados atardeceres del verano siempre en compañía y con una
botellita fría de Mar de Frades en la cubitera, para introducirme en la
vorágine de abrir las puertas de nuestra bodega para vendimiar.
Desde los días previos, la bodega se convierte en un ir y
venir de gente, los viticultores, un poco nerviosos y siempre con el miedo de
que se les pudra la uva, nuestros compañeros de Cruz de Alba, que nos vienen a
echar una mano, o dos!, algún periodista, los turistas, los enoturistas… y
todos aquéllos que quieran venir a compartir estos momentos para los que nos
hemos preparado todo el año, en especial
este año tengo que destacar la visita del presidente de la compañía, D. Emilio
Restoy Zamora y su mujer Dña. Ana, que nos agradaron con su compañía en una fresca
y atlántica comida de trabajo en la terraza de la bodega con parte del equipo
de Bodegas Ramón Bilbao, Cruz de Alba, Mar de Frades y Zadibe.
Fueron 18 intensos días en los que también hubo sorpresas,
lluvias que nos obligaron a parar, algún viticultor con mucha más uva de la
esperada, otros con extremada mejor calidad, gloriosas uvas que aproveché para
experimentar, congelándolas y elaborando vinos pensados para aquéllos que les
gusten los vinos blancos.
Paula Fandiño
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