DESCRIPCIÓN


El fruto de nuestro trabajo depende en gran medida de la naturaleza y está marcada por lo que viene de arriba.

viernes, 20 de enero de 2012

BONITO ARTE EL DE LA PODA

Siguiendo con el “sueño” de la viña nos planteamos, hace ya unos días, comenzar a podar y retirar los sarmientos inertes de la viña. Dice el refrán “hasta los burros podan”, y no es poco cierto, si entendemos por podar, cortar palos a diestro y siniestro sin más dirección que nuestro capricho.
Es en este momento cuando planteas y esculpes la cantidad y forma de la parte vegetal, que, indiscutiblemente, nos producirá las tan ansiadas uvas de calidad que todo enólogo espera. Es hora pues de retirar toda esa leña, que en caso de quedar unida a la cepa, brotaría, complicándonos el manejo y poniendo muy en apuros la producción y sanidad de nuestras futuras uvas.

Llegados aquí, todos los años nos hacemos la misma pregunta: “¿podamos a dos yemas, o a tres? y siempre se responde al podador lo mismo, “a dos sin contar la ciega”. Y es que, según estén las yemas o de dónde provengan, cumplen una función u otra, recibiendo consecuentemente un nombre u otro.Así, la primera yema que nos encontramos, justo en el nacimiento del sarmiento, es la yema “ciega”, que sólo brota cuando la presión de savia es elevada, por podas cortas o porque se hayan helado los brotes de las otras yemas, etc.

Os diré que prácticamente todas las yemas de un sarmiento formado el año anterior son fructíferas, en el caso del tempranillo, pero es la vitalidad y la “fuerza” de la cepa la que producirá mayor o menor cantidad de fruto.

Tras la poda quedan formados lo que llamamos “pulgares”, que no son más que los sarmientos que han quedado unidos a la cepa con sus dos o tres yemas, en una cantidad que varía en función de la cepa y que puede rondar los tres o cuatro pulgares por brazo.

En nuestro caso, atendiendo al momento lunar, estamos supeditados a la incidencia de la luna para hacer este trabajo. Elegimos las  lunas “descendentes”, pues es en este momento cuando la levedad es menor y actúa más la gravedad acumulando así las sustancias internas de la planta en las raíces por lo que se hace menor la pérdida de elementos.
Nada tiene que ver la luna ascendente, que es cuando se aleja de la tierra en su elipse transnacional, con la luna creciente, ni tampoco descendente, que es cuando se acerca a la tierra, es lo mismo que luna menguante.No sólo es importante si la luna se acerca o aleja a la tierra, también elegimos los mejores días, fruto y flor, así los racimos que obtengamos serán indiscutiblemente mejores.

Día a día se va dando forma, cual peluquería ambulante, a todos los viñedos de la comarca, observando fielmente dónde tienen el “corte” los vecinos, y continuar el día siguiente.
Dentro de  unos días se empezarán a ver grandes columnas de humo, indicando que la poda de esos viñedos ha terminado y sus propietarios queman los restos,  arrimando muy a menudo algo a las brasas para un suculento y compartido almuerzo. Y es que, siempre se ha dicho en mi pueblo, que el mejor invento del campo no es el tractor…. es  la parrilla.


Saludos


Sergio Avila